Era el año de 1925 y tras la guerra de los 1000 días en el año de 1900 que conlleva a la independencia de Panamá, luego del gobierno unificador de partidos de Rafael Núñez con su nueva constitución y luego de la gobernación del departamento de Antioquia por parte Pedro Justo Berrío y como en la película del gran Gatsby los hombres vestidos de smoking y las mujeres con su pelo corto y cigarrillos tan largos como sus brazos, perfilaba a Medellín como una de las ciudades más importantes de Latinoamérica, se veía la tacita de plata con buenos ojos, invirtiendo en infraestructura y trayendo desde muchos lugares del mundo grandes arquitectos para qué construyeron impresionantes edificaciones.
Llega desde Bélgica el arquitecto Agustín Goovaerts quien en ocasiones anteriores había construido el hospital San Vicente de Paúl, de inmediato se pone en el diseño y construcción de un palacio, el cual con su enorme cúpula, es bastante confundido con una iglesia, pero llama la atención de todos su fachada con adoquines a blanco y negro como si fuera un ajedrez, era el palacio para albergar la gobernación del departamento. paralelamente construye el palacio nacional, para albergar oficinas de cargo público, y el teatro Junín el cual fue posteriormente demolido para la construcción del edificio Coltejer; todas con su estilo gótico. Ninguna de estas estructuras fue concluida, quedando obras como el palacio de la gobernación tan solo a un 25% de ejecución por culpa de la caída de la bolsa de valores de New York y el arquitecto tener que volver rápidamente a su país de origen.
Desde Francia llega el arquitecto Charles Émile Carré el cual para sus edificaciones si toma un poco de inspiración en la cultura colombiana y el uso del adoquín rojo como los edificios Vásquez y Carré frente al mercado y plaza de Cisneros, que aunque a simple vista parecen idénticos a cada uno le da unos rasgos y características diferentes, como si fueran planchas de secado de café. paralelamente construye la catedral metropolitana siendo la catedral de adobe cosido rojo más grande del mundo.
Un arquitecto colombiano destaca dentro de tanto invitado, Nel Rodríguez, el cual aunque era colombiano tomaba su inspiración de otras culturas, dejándonos el Palacio de Bellas Artes a orillas de la quebrada Santa Elena, el Palacio Egipcio en el barrio Prado y el Museo el Castillo inspirado en castillos franceses; Este arquitecto siguió trabajando en la ciudad, no solo en la época de los 20, construyendo posteriormente la alcaldía, el actual Museo de Antioquia y el teatro Pablo Tobón Uribe.
Pero sin duda alguna la obra maestra de los antioqueños en los años 20 fue el ferrocarril de Antioquia, luego de la construcción del ferrocarril de Amagá el cual transportaba carbón y café desde el suroeste antioqueño hasta la ciudad de Medellín; Deciden construir un ferrocarril arriesgado para la época, atravesando la cordillera central de los Andes colombianos desde la ciudad de Medellín hasta puerto Berrío, un puerto antioqueño a las orillas del río Magdalena; Donde llegaría toda la producción del departamento para luego ser transportada por medio de navegación por el río hasta su desembocadura al mar y llevada a exportación a diferentes países del mundo.
La construcción fue bastante complicada, ya que para subir la montaña las vías deben ir en zigzag, teniendo cuidado de no sacrificar carga o esfuerzo por parte de las locomotoras; hasta que se encontraron con el alto de la quiebra en el corregimiento de Santiago, el cual era imposible subir. Ahí es donde el ingeniero Alejandro López Restrepo propone la realización de un túnel el cual debía ser de 3.8 kilómetros para atravesar el alto sin comprometer la carga de los trenes que para ese momento era una obra civil impresionante y casi imposible; Marcando así un logro para los antioqueños y las obras civiles del mundo. Adicional a esto cada una de las estaciones del ferrocarril cuenta con un diseño arquitectónico único e impresionante.
Es increíble que Medellín sea una ciudad llena de palacios y arquitectura de los años 20's, algo que se debe conservar y admirar, ya que éstas edificaciones dentro de poco cumplirán 100 años y tienen tanta historia que contar que se llenarían libros enteros de cada una de ellas.












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